El olor a tierra mojada me llevó a ti,
te encontré sentado sin pensar, sin mirar, sin sentir...
pareciera que estabas desnudo, y yo debía indagar esos descubiertos.
Y fui descubriendo tristezas, alegrías, fracasos y triunfos... un cinfín de cosas que creo que ni tú haz podido sentir.
En el ocaso, te pusiste el mejor atuendo y saliste a recorrer montañas de luz,
me senté en ellas, esperando a que me buscaras, me encontraras y me abrazaras,
me senté, esperé y todo brillaba, menos yo.
Amanecí con migajas de sueños que las arañas pollito quebraron en la noche,
amanecí con la mirada dirección al sol que me calentaba el cuerpo,
amanecí con ganas de seguir esperándote.
Desayuné los besos de miel, miradas tan puras como la leche y caricias de que se deslizaban como la mantequilla.
En mi reposo caminé por manantiales de ternura y me ahogué en ellos.
Pero volví para almorzar granos de arroz que inquietaban a mi estómago, una carne desnuda y tibia con ensalada de tomates, que son tan rojitos como la pasión.
Tomé una siesta, desperté y caminé por senderos que encendieron mis poros hasta dejarlos erizados..
Y para mi once, me tomé un vaso de jugo, tan dulce como tu dulzura.
En mi próximo amanecer, desperté a tu lado.
martes, 30 de septiembre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
i l e s o s .
Tal vez los gatos fueron los únicos testigos, escondidos bajo los automóviles mirando rápidamente; como si fuera una película retro de espionaje.
La luna menguante iluminando las veredas que tantas veces caminaste, las calles que perfectamente conoces, y reíste tanto.
La vida de los árboles que haz visto crecer se han vuelto en perfectos cómplices y tienen el derecho a ir soltando hoja por hoja el dolor, a medida que el viento vaya coqueteando entremedio de sus ramas firmes, llenos de sabia... Sabía que no era el día perfecto, intuía que el sol se escondería de mis sonrisas estupefactas llenas de melancolía indirecta, pero tú te sentaste mientras el sol se escondía tras los cerros que ya me cansé de ver...
El silencio del campo nos invitó a conversar, o más bien me invitó a escucharte.
Los adorables pasajes estaban pegajosos de tanto suspiro, sin embargo, era algo totalmente inocuo a tus pies, que corrían, corrían y corrían aun más; mientras yo terminaba de llenar mis pulmones con el último aliento de cigarrillo para luego expulsarlo en forma de vaho, pero no fuiste capaz de entenderlo, y mis entrañas, sentidos, tripas y venas terminaron de congelarse, para caer de un soplo al suelo y quebrarse.
Pero aquí estoy, escribiendo.
Escribiendo para olvidar.
La luna menguante iluminando las veredas que tantas veces caminaste, las calles que perfectamente conoces, y reíste tanto.
La vida de los árboles que haz visto crecer se han vuelto en perfectos cómplices y tienen el derecho a ir soltando hoja por hoja el dolor, a medida que el viento vaya coqueteando entremedio de sus ramas firmes, llenos de sabia... Sabía que no era el día perfecto, intuía que el sol se escondería de mis sonrisas estupefactas llenas de melancolía indirecta, pero tú te sentaste mientras el sol se escondía tras los cerros que ya me cansé de ver...
El silencio del campo nos invitó a conversar, o más bien me invitó a escucharte.
Los adorables pasajes estaban pegajosos de tanto suspiro, sin embargo, era algo totalmente inocuo a tus pies, que corrían, corrían y corrían aun más; mientras yo terminaba de llenar mis pulmones con el último aliento de cigarrillo para luego expulsarlo en forma de vaho, pero no fuiste capaz de entenderlo, y mis entrañas, sentidos, tripas y venas terminaron de congelarse, para caer de un soplo al suelo y quebrarse.
Pero aquí estoy, escribiendo.
Escribiendo para olvidar.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
delirando.

Las ramas de los árboles danzan entre las nubes de un día de lluvia pasiva, de pequeñas gotas transparentes y sensibles.
La multitud se manifiesta cabizbaja y serena-
un caballero lee el diaro y, al llorar la tinta se derrama entre sus piernas cansadas, exhaustas de tanto caminar en su rutinario trabajo, en su angustiante día a día.
Y así, la gente se lastima por tristezas ajenas, la gente se rie de tristezas ajenas.
La inhumanidad en las calles del centro de santiago, es tan abundante como las lágrimas que caen del rocio en las madrugadas, que en una caminata matutina te limpia de pies a cabeza, con su delicada forma de caer sobre ti... te besa y te deja... así como si nada. Porque es el amanecer, y en algunos amaneceres, mi compañero de trabajo se encuentra con un cuerpo desconocido tirado en su colchón.
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