Es abril, bello.
La vida avanza rápido en 2 años, no se sienten. Pero, lamentablemente (quizás) avanzaron como alud y nisiquiera alcancé a pestañar.
El tiempo nos decepciona a todos, siempre nos falta y necesitamos más. Cuando tenga ganas, disfrutaré los días, ahora debo correr igual que todos mis compatriotas para no llegar atrasada.
Estoy ingresando, de a poco.. Sistema, espérame, allá voy.
Quizás.
miércoles, 14 de abril de 2010
domingo, 15 de marzo de 2009
1er. capítulo : Reconociendo.
Acongojado en su asiento de clases, comienza a soñar con un campo de globos que rodean su integridad. Queriendo sentir que está acompañado, se inventa en una nube un ente, sin forma, sin sentimientos, sin corazón... que lo acompañará hasta el más importante día de su vida...
No, no adelantaré detalles. Es una historia muy linda que conocí y viví, y que hoy quiero compartir con mis retoños que ya están sumergidos en la plena pubertad.
Comenzaré como todo cuento empieza:
Hace varios años atrás, conocí a un muchacho; de bajo perfil, tímido, sin muchas cosas que decir. Tenía el pelo oscuro, unos ojos grandes como aceitunas, una piel color mate y una boca que jamás sonreía. Él, no era de armas tomar, y este fue el motivo por el cual se vió rechazado, en su totalidad, incluso en el aula de clases.
Yo siempre fuí observador, y tampoco me gustaba formarme prejuicios de la gente. Siempre traté de acercarme a él, Tomás, mas él nunca intentó formar una amistad. Así que, después de intentos aburridos, y sin sentido alguno, me mantuve al margen de aquel niño que sólo lo escuchabamos anunciar el "presente" cada mañana.
Un día, lo recuerdo perfecto, sí... fue un día miércoles. El día estaba espectacular, era ideal para salir a jugar fútbol con los compañeros. Estabamos en vísperas de Fiestas Patrias y en el colegio teníamos el día con actividades. Todos corríamos, todos jugamos a la rayuela, todos hicimos algo. Menos Tomás. Fue cuando entendí que el tenía un mundo paralelo en el cual ninguno de nosotros podríamos entrar, ni tampoco entender. Me dirigí a la sala, para invitarlo a jugar una pichanga. Entonces desde la ventana lo ví, lo observé riéndose de tal manera que creí que en cualquier momento quedaría sin aliento. Lógicamente, me asusté, pero seguí ahí contemplando aquel episodio inaudito.
- ¡Ya basta!. Me haces cosquillas.
Pensé que estaba completamente loco.
- ¿Tomás? - interrumpí-
-¿Ah?. No me molestes, quiero estar tranquilo. - se impresionó-
-No, no. Es que, estamos todos abajo, esperándote para jugar una pichanga y te vine a buscar, es sólo por si quieres. No te sientas obligado. - agregué-
-Gracias, pero prefiero quedarme aquí.
Lo veía tan sereno que por un segundo pensé que estaba molesto y que en un momento de bacilo lo encontraría frente a mí golpiandome o algo parecido.
-Bueno, si no quie...
-Estoy jugando con mi único y verdadero amigo. - sonrió-
-Pero aquí no hay nadie. -contesté extrañado-
-Si hay, hay muchos. Tienes que ver más allá de tu nariz, más allá de lo que todos ven. Tienes que pensar en tus anhelos, en ti. Y verás que hay mucho a tu alrededor, y te encontrarás con algo que te distraerá más que jugar un partido de pichanga. -calló, como si estuviera pensando-
¡No!, esto te llenará el alma y te hará sentir que eres libre y que vales por ti mismo.
Nunca me imaginé que una persona tan callada, tan sumisa y tan sola podría darme un discurso así. Me impresioné y mi rostro lo dejó en evidencia. Me sentí extraño por lo que me dijo. Una sensación inexplicable, de frío me absorvió. Volví a respirar, miré mis manos y me percaté de que tengo venas que circulan sangre, y que son esas venas las que me permiten vivir... Así que, me sentí más solo al entender esto. Y cuando concluí de que había perdido años de mi vida refugiandome en faldas y balones que no tenían sentido, me hundí.
-No me conozco. -me dije a mí mismo-
-¿No me dirás nada?.
Sentí que me habló en tono desafiante.
-Ehm -balbucié-. Sí, creo que si veo más allá de mi nariz, me perderé.
-¿Perderte?. ¿Cuándo te tienes a ti mismo?. No digas tonterías, te veo desanimado. Anda, mira más allá... no es tan lejos tampoco. -rió-
Y ví. Quiero decir, me ví a mí. Sí. Era yo haciendo nada, era yo intentando madurar y crecer rápido. Era yo, que me acostaba con mujeres que no conocía. Me doy asco. Y tan sólo tengo 13 años.
--- ---
No, no adelantaré detalles. Es una historia muy linda que conocí y viví, y que hoy quiero compartir con mis retoños que ya están sumergidos en la plena pubertad.
Comenzaré como todo cuento empieza:
Hace varios años atrás, conocí a un muchacho; de bajo perfil, tímido, sin muchas cosas que decir. Tenía el pelo oscuro, unos ojos grandes como aceitunas, una piel color mate y una boca que jamás sonreía. Él, no era de armas tomar, y este fue el motivo por el cual se vió rechazado, en su totalidad, incluso en el aula de clases.
Yo siempre fuí observador, y tampoco me gustaba formarme prejuicios de la gente. Siempre traté de acercarme a él, Tomás, mas él nunca intentó formar una amistad. Así que, después de intentos aburridos, y sin sentido alguno, me mantuve al margen de aquel niño que sólo lo escuchabamos anunciar el "presente" cada mañana.
Un día, lo recuerdo perfecto, sí... fue un día miércoles. El día estaba espectacular, era ideal para salir a jugar fútbol con los compañeros. Estabamos en vísperas de Fiestas Patrias y en el colegio teníamos el día con actividades. Todos corríamos, todos jugamos a la rayuela, todos hicimos algo. Menos Tomás. Fue cuando entendí que el tenía un mundo paralelo en el cual ninguno de nosotros podríamos entrar, ni tampoco entender. Me dirigí a la sala, para invitarlo a jugar una pichanga. Entonces desde la ventana lo ví, lo observé riéndose de tal manera que creí que en cualquier momento quedaría sin aliento. Lógicamente, me asusté, pero seguí ahí contemplando aquel episodio inaudito.
- ¡Ya basta!. Me haces cosquillas.
Pensé que estaba completamente loco.
- ¿Tomás? - interrumpí-
-¿Ah?. No me molestes, quiero estar tranquilo. - se impresionó-
-No, no. Es que, estamos todos abajo, esperándote para jugar una pichanga y te vine a buscar, es sólo por si quieres. No te sientas obligado. - agregué-
-Gracias, pero prefiero quedarme aquí.
Lo veía tan sereno que por un segundo pensé que estaba molesto y que en un momento de bacilo lo encontraría frente a mí golpiandome o algo parecido.
-Bueno, si no quie...
-Estoy jugando con mi único y verdadero amigo. - sonrió-
-Pero aquí no hay nadie. -contesté extrañado-
-Si hay, hay muchos. Tienes que ver más allá de tu nariz, más allá de lo que todos ven. Tienes que pensar en tus anhelos, en ti. Y verás que hay mucho a tu alrededor, y te encontrarás con algo que te distraerá más que jugar un partido de pichanga. -calló, como si estuviera pensando-
¡No!, esto te llenará el alma y te hará sentir que eres libre y que vales por ti mismo.
Nunca me imaginé que una persona tan callada, tan sumisa y tan sola podría darme un discurso así. Me impresioné y mi rostro lo dejó en evidencia. Me sentí extraño por lo que me dijo. Una sensación inexplicable, de frío me absorvió. Volví a respirar, miré mis manos y me percaté de que tengo venas que circulan sangre, y que son esas venas las que me permiten vivir... Así que, me sentí más solo al entender esto. Y cuando concluí de que había perdido años de mi vida refugiandome en faldas y balones que no tenían sentido, me hundí.
-No me conozco. -me dije a mí mismo-
-¿No me dirás nada?.
Sentí que me habló en tono desafiante.
-Ehm -balbucié-. Sí, creo que si veo más allá de mi nariz, me perderé.
-¿Perderte?. ¿Cuándo te tienes a ti mismo?. No digas tonterías, te veo desanimado. Anda, mira más allá... no es tan lejos tampoco. -rió-
Y ví. Quiero decir, me ví a mí. Sí. Era yo haciendo nada, era yo intentando madurar y crecer rápido. Era yo, que me acostaba con mujeres que no conocía. Me doy asco. Y tan sólo tengo 13 años.
--- ---
martes, 24 de febrero de 2009
yo.

En realidad, nunca fue una coincidencia mirarte de reojo, tampoco lo fueron esos encuentros fortuitos que tuvimos.
No sé si la vida juega buenas o malas pasadas, sé que cada instante que vivo (incluso sola), lo he vivido a mi forma de ver y ser.
No me arrepiento de mis errores inmaduros, tampoco de las malas experiencias que le habré entregado a más de alguna amiga, no me importan las cicatrices que dejé escondidas en mi cuerpo inerte. Aveces los traspies sirven para levantar la cabeza y sonreir sin miedo ni verguenza.
Si miro hacia atrás, me encuentro conmigo, sí, conmigo tratando de estar conmigo, ahora ya me encontré, bueno.. encontré sólo mi mitad (aparte de ti). No me duele si me vuelvo a equivocar, si vuelvo a buscar aquellas excusas para terminar llorando por ahí como bebé sin amamantar, quiero vivirlo, quiero vivir hasta el más mínimo detalle. Me descuidé de mí misma, pero ahora estoy aquí, me sigo descuidando, pero soy.
sábado, 17 de enero de 2009
tontera.
Por alguna extraña razón siempre subo 2 kilos más en verano y/o vacaciones (pf, vacaciones).
Simpre hablo de la dieta de la muerte, pero en realidad creo que ese libro es una bajeza, pero el Diario de Alicia es genial.
Simpre hablo de la dieta de la muerte, pero en realidad creo que ese libro es una bajeza, pero el Diario de Alicia es genial.
jueves, 8 de enero de 2009
crítica o autocrítica.
En las veredas y cunetas, sólo se refugia la suciedad de las suelas de todos los peatones que transitan por ahí, algunos tan histéricos que sus zapatos arden...
En las orillas se juntan las hojas que todos pisan cuando van huyendo del silencio del tiempo. Aparentamos hacernos los indiferentes y analfábeticos del minutero, pero sentimos el tic-toc todo el tiempo.Los días en que no lo sentimos, es porque estamos felices y no nos preocupamos del minuto, sino del momento.
Y así es como los momentos son tan cortos, tan delicados como pluma y tan desprevenidos.
En el centro no existen los momentos, existe el alboroto y el desamparo de algunos rostros. Los asaltos de almas y sonrisas, la pérdida de la inocencia, de la ingenuidad.
Si me siento en el suelo mientras todos van de un lado a otro, retumban en mis oídos las miles de diferentes voces hablando al mismo tiempo, puedo sentir el ruido de los tacos al pasar, la soberbia de una señora esperando comprar, el tibio aliento de la última parte de un cigarro, la asquerosidad de un ejecutivo mirando por debajo de las faldas de una adolescente, la gula de algunos, el deseo de ir a dormir a casa de otros.
En las orillas se juntan las hojas que todos pisan cuando van huyendo del silencio del tiempo. Aparentamos hacernos los indiferentes y analfábeticos del minutero, pero sentimos el tic-toc todo el tiempo.Los días en que no lo sentimos, es porque estamos felices y no nos preocupamos del minuto, sino del momento.
Y así es como los momentos son tan cortos, tan delicados como pluma y tan desprevenidos.
En el centro no existen los momentos, existe el alboroto y el desamparo de algunos rostros. Los asaltos de almas y sonrisas, la pérdida de la inocencia, de la ingenuidad.
Si me siento en el suelo mientras todos van de un lado a otro, retumban en mis oídos las miles de diferentes voces hablando al mismo tiempo, puedo sentir el ruido de los tacos al pasar, la soberbia de una señora esperando comprar, el tibio aliento de la última parte de un cigarro, la asquerosidad de un ejecutivo mirando por debajo de las faldas de una adolescente, la gula de algunos, el deseo de ir a dormir a casa de otros.
- Y formo parte de esta sociedad, y estoy tratando de buscar mi rol..A VECES, SÓLO A VECES se me olvida quién soy.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)